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BOHEMIOS

CUANDO ATLANTA GANÓ EN NUEVA YORK

CUANDO ATLANTA GANÓ EN NUEVA YORK

Por Federico Kotlar 

Son días distintos en la sala de prensa de Flushing Meadows. Muchos periodistas, con los jugadores de sus país eliminados, ya regresaron a casa. La tensión es otra y en los televisores del restaurante aparecen mucha veces el fútbol americano y las carreras de Nascar en lugar de los choques en las canchas principales del US Open. En ese contexto, con menos actividad, empiezan a aparecer huecos para algunas de las aventuras que propone Nueva York.

Para llegar con el metro a Flusing Meadows, es necesario bajarse en la estación Mets/Willets Point. Si el viajero va hacia la derecha, luego de una caminata de unos veinte minutos por un puente llegará hasta el Centro Nacional de Tenis Billie Jean King, donde se juega el US Open. Hacia la izquierda está en cambio el Shea Stadium (donde alguna vez dieron un histórico recital Los Beatles), ahora llamado Citi Field. Con una capacidad para cerca de 42 mil espectadores, es la casa de los New York Mets, el segundo equipo de béisbol de la ciudad, siempre a la sombra de los tradicionales Yankees.

Un día, todos los astros se dieron a favor para el periodista: primero la actividad se cerró cuando todavía no había caído la noche; y segundo, pero mucho más importante, al final del puente el equipo visitante en el Shea Stadium iba a ser Atlanta. Ese del que en su adolescencia se hizo simpatizante -es extraño para un argentino ser hincha de un equipo de béisbol- por herencia natural del nombre, aunque su estadio quedara a miles de kilómetros de Villa Crespo. El que lo hizo festejar por el título en 1995 -no el de Pepe Castro y Cristian Castillo, sino el de Ron Gant y Chipper Jones, que todavía juega-, el primero de la historia de una ciudad acostumbrada, como no -es difícil creer en las casualidades-, a la sequía en materia de festejos deportivos.

Así fue que apareció de golpe la posibilidad de ver a Atlanta -los Bravos de Atlanta- en vivo en Nueva York. La llegada al estadio fue sin problemas, lo mismo que conseguir una entrada. El interior del Shea era una verdadera obra de arte y no importaba que ya hubiera transcurrido un tercio del partido al momento de entrar.

Es verdad que el vínculo con los partidos de Atlanta en Argentina no iba mucho más allá del nombre del equipo. Los Mets, de pobre campaña en esta temporada, generaban una escasa pasión de los hinchas aún cuando la pantalla gigante del estadio los instaba a participar. Duelo de hinchadas, poquito, salvo por los muchachos que en la platea baja agitaban el Tomahawk -símbolo de los Bravos- para darles aliento a los visitantes. Mientras tanto, los Bravos, con su hincha camuflado en la bandeja más alta, ganaban, goleaban y gustaban: 3-0, como para irse con la satisfacción de la victoria fuera de casa. El doblete, después del 2-1 del Atlanta original contra Colegiales, era la mejor noticia posible en la noche de Nueva York.

Extraído de Clarín Digital

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