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BOHEMIOS

EL MARINERO

Por Jorge H. de Gregorio

 

EL marinero decidió aprovechar las pocas horas de franco para dar un paseo por la ciudad.

La oficialidad luciendo sus los uniformes de gala se había ido temprano para participar de las ceremonias oficiales. Mientras descendía del barco echó una mirada al inmenso río, tan diferente al Moldava que solía cruzar a pie, por los puentes de Praga o Melnik. La calidez del sol le recordó que octubre en aquella parte del mundo era sinónimo de primavera. Caminó sin dirección fija por las estrechas calles mirando los escaparates protegidos con toldos variopintos, donde predominaban el azul y el amarillo. Al llegar a una pequeña plazoleta advirtió a un grupo de jóvenes discutiendo acaloradamente. Se preguntó que estarían haciendo ¿Conspirando? ¿Imaginando? ¿Construyendo?  Los miró con un dejo de nostalgia y recordó, entonces, como cuando muchos años atrás resolvió dejar las laderas selváticas de su Bohemia natal y buscar en el mar un horizonte nuevo y mejor. Emprendió el regreso, cuando la tarde desaparecía a sus espaldas. Entre los doques silenciosos del puerto, divisó su barco, el Atlanta, que se mecía acompasadamente en el lecho de agua marrón, dulce como el de un río, pero interminable como los sueños juveniles.

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