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BOHEMIOS

DOS GOLES Y CUATRO DEDOS

DOS GOLES Y CUATRO DEDOS

Quédense tranquilos muchachos” nos dijo el hombre detrás de una taza de café, cuando entramos agotados, mojados y abatidos en un bar en el cruce de Chacabuco. Mientras decía esto, nos  mostraba cuatro dedos de su mano derecha.

Unas horas antes habíamos llegado a la cancha de Sarmiento después de un interminable viaje, en aquellos años donde solo llegar Luján implicaba una larga travesía. Todavía no era el tiempo de las autopistas.

Habíamos salido de Villa Crespo cerca de las ocho de la mañana y más de cinco horas después atravesábamos la avenida principal de Junín, donde en cada esquina  ramilletes de mujeres y niños nos exhibía algo de color verde a guisa de saludo. Los hombres estaban todos en el Estadio que los milicos no permitían llamarse Eva Perón.

Adentro una multitud, y muchísimos bohemios soportando estoicamente la tenue llovizna que caía del cielo y la lluvia de naranjas con que los lugareños nos daban la bienvenida.

Nunca lo de “final anticipada” había sido más cierto. Los dos arribaron a aquella tarde sabatina cabeza a cabeza, sin sacarse ni el hocico.

Cayó un tipo en paracaídas y empezó el partido. Dos equipazos frente a frente. Pasados los quince minutos, el “Toti” Iglesias captura un rebote del arquero Barbieri y todo comienza a desmoronarse. A poco del final el implacable goleador vuelve a marcar y líquida el pleito y con él nuestra ilusión de volver rápidamente a la Primera.

Emprendimos el regreso, con tristeza, frío y hambre. Elegimos un bar para tomar algo caliente.

Quédense tranquilos muchachos, está todo arreglado” y mostraba los cuatro dedos (¿Cuatro mil? ¿Cuatro millones? ¿Cuatrocientos mil?) qué indicaban la cifra que –según su buena información- se había pagado para sobornar al arquero Hernandorena para lo que restaba del torneo.

No nos quedamos tranquilos. Hicimos bien. Siete fechas después Sarmiento ascendía por primera vez a la División Mayor de nuestro fútbol, con Hernandorena como una de sus figuras. Los de Atlanta debimos esperar tres años más para el fugaz regreso.

Por Jorge H. de Gregorio 

En la foto: El arquero Néstor Hernandorena despeja un ataque de Atlanta, al fondo la multitud.

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